La Cataluña sin “seny”

by Dennis
La cataluña sin seny

El constitucionalismo debe capitalizar políticamente el seny. Al fin y al cabo, al ciudadano le van a seguir llegando las facturas al final del mes; y no va a ser la épica separatista quien se las pague.

Durante la etapa mas brillante de la democracia, los catalanes éramos conocidos por nuestro pragmatismo, astucia y sentido del emprendimiento; barnizado con una capa de moderación y espíritu conciliador. Todo ello era concentrado en una término que, a día de hoy, parece haber quedado para los anales de la historia: el seny (cordura, moderación).

En el ámbito de la política, el seny supuso una cooperación (relativamente) fructífera entre la Generalidad y el Estado y también los actores sociales de Cataluña entre ellos. Ello nos trajo la mayor etapa de paz y prosperidad, con los juegos olímpicos de Barcelona de 1992 como punto álgido. Esa etapa contrasta con la realidad social de hoy en día en Cataluña; Lo que en un principio era una demanda de reforma del estatuto, subsiguientemente un concierto económico, un referéndum de independencia y finalmente un vulgar desacato de la ley, ahora se ha tornado en peleas callejeras, barricadas hechas de mobiliario urbano y conflictos civiles generalizados. Si no fuera porque he visto con mis propios ojos el desarrollo de esta catástrofe, juraría que no puede ser Cataluña.

Me duele decirlo, pero el seny ha muerto en Cataluña. No ha muerto por causas naturales, no. Ha sido un asesinato. A día de hoy, no se sabe muy bien quién es su asesino, ni cuántos fueron sus colaboradores.

Algunos aseguran que ha sido un hombre de baja estatura y tendencia al carraspeo, denominado Jordi Pujol. Habría acabado con su vida envenenando las instituciones de la Generalidad y estableciendo políticas nocivas que plantaron la semilla del conflicto en Cataluña.

Otros dirán que fue Artur Mas, un Judas Iscariote con complejo de mesias, que habría matado al seny para empezar una nueva vida con una tal ‘’estelada’’. ¿Su móvil?; Le salía más rentable electoralmente.

Hay gente que considera que el asesino fue Puigdemont en un acto de piromanía institucional, siendo empujado por sus socios de Esquerra Republicana y la CUP en una competición de ‘’¡a ver quién es más gallito!’’. Ahora que él ha huido a Bruselas para evadir las consecuencias de su incendio, su xenófobo secuaz Torra se encarga de que todo quede ‘’atado y bien atado’’.

También hubo un testigo llamado don Mariano Rajoy, que, con una pasividad y cobardía casi criminal, habría permitido todos estos sucesos.

A estas alturas, quien fuera el asesino ya no es irrelevante para el desarrollo del conflicto. Necesitamos que vuelva el seny a la política catalana como agua de mayo. De lo contrario, el conflicto llegará a un punto de no retorno del que nos arrepentiremos todos, tanto catalanes independentistas como constitucionalistas. Tardaremos decenios en levantar una economía muy maltratada, restablecer una posición internacional muy desprestigiada y recuperar lazos de afección gravemente dañados entre catalanes y entre catalanes y españoles.

Aunque a día de hoy parezca que sea poco lo que aún une a los catalanes independentistas y a los constitucionalsitas, aún quedan ciertos elementos de cohesión social que debemos reforzar. Pensemos, por ejemplo, en la sociedad que queremos dejar a nuestros hijos y nuestros nietos entre todos. ¿Queremos dejarles una Cataluña bajo la amenaza constante e inminente de conflicto civil? ¿Queremos dejarles una Cataluña empobrecida? ¿Una Cataluña en la que impere el odio al prójimo?

Si el constitucionalismo sabe capitalizar políticamente el seny; el sentido común, el hartazgo o la indiferencia frente a la situación social, política e institucional de anormalidad, auguro un hundimiento del independentismo y un resurgimiento de las corrientes constitucionalistas. Al fin y al cabo, al ciudadano le van a seguir llegando las facturas al final del mes; y no va a ser la épica separatista quien se las pague.

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